jueves, 27 de noviembre de 2008

LEYENDA DEL AMOR

La palabra leyenda proviene del latín legenda del gerundivo legere, leer, pero, aun con estos antecedentes, muchas de las leyendas que nos han llegado tienen su origen en la tradición oral, en la transmisión verbal de generación en generación, que ha ido variando su historia primitiva y, a menudo, añadiéndoles elementos imaginativos o fantásticos.La definición que nos da el diccionario es la siguiente: "Relación de sucesos que tienen más de tradicionales o maravillosos que históricos o verdaderos", aunque si yo tuviera que definirla lo haría como que se trata de una narración un poco en "tierra de nadie", a medio camino entre la historia verídica y la imaginación. Si exceptuamos las leyendas mitológicas y fantásticas, las que presentan otras temáticas: religiosas, históricas, de amor... bien podría decirse que tuvieron un sustrato real, lo que, sin duda, les brinda un mayor atractivo de cara al lector.La leyenda goza de un carácter universal, en el espacio y en el tiempo. Todas las civilizaciones, todas las religiones y todos los países del mundo tienen las suyas pertenecientes a su acervo popular, que cuentan y cuentan aquellas historias que se pierden en la noche de los siglos y que nos han llegado como destellos lejanos de ideas, creencias y aconteceres a los que sólo tenemos acceso a través de estas maravillosas narraciones. La leyenda presenta, además, el valor añadido de que no tiene que ser cierta para que se crea en ella.En absoluto, debe considerarse a la leyenda como un género menor, pues grandes firmas de la literatura universal la han cultivado dejándonos narraciones de belleza incomparable. De entre ellas podríamos destacar las de Bécquer, el gran romántico, que las supo dotar de ese halo de misterio y pasión, tan propios de este movimiento social, histórico y literario, o el inglés Walter Scott, autor de novelas históricas de gran renombre y narrador de leyendas muy hermosas.Descubrir el mundo de la leyenda es adentrarse en un territorio mágico, poético, con la fuerza de la tradición y el encanto de la fantasía. Es disfrutar de la emoción de unos relatos maravillosos, donde comparten página los más valientes guerreros con los amantes más desdichados, moros y cristianos en duras peleas y también en historias plenas de caballerosidad por ambas partes, vírgenes y santos, hacedores de milagros, con héroes mitológicos, narraciones del romancero con el origen mítico de las más bellas flores... Las leyendas nos hacen sentir la fascinación de un espacio narrativo que, con frecuencia, toca la fibra más sensible de nuestro corazón y de nuestra imaginación.El amor es uno de los sentimientos que más se presta al género de las leyendas y son incontables, en todo el orbe, las que nos hablan de enamorados, felices o desgraciados, que han vivido multitud de avatares en aras de conseguir o conservar a su objeto de deseo. Historias, en ocasiones increíbles, sensaciones perturbadoras, decisiones heroicas o incluso actos indignos, han tejido, a lo largo de los siglos, miles de leyendas sobre el más sublime y, en ocasiones el más penoso, de los afectos que envuelve a los seres humanos.

PODERES SOBRE EL AMOR

Los poderes sobre los que debes reflexionar para que tu
Amor sea abundante

El poder del pensamiento
El amor comienza con el pensamiento.
Nos convertimos en lo que pensamos. Los pensamientos amorosos crean experiencias y relaciones amorosas.
Las afirmaciones pueden cambiar nuestras creencias y pensamientos acerca de nosotros mismos y de los demás.
Si quieres amar a alguien, necesitas tener en cuenta sus necesidades y deseos.
Pensar acerca de tu pareja ideal te ayudará a reconocerla cuando entre en tu vida.

El poder del respeto
No puedes amar a nada ni a nadie a menos que antes lo respetes.
La primera persona que merece tu respeto eres tú.
Para recuperar el respeto por ti mismo, hazte la pregunta: «¿Qué respeto en mí?»
Para respetar a los demás, incluso a las personas que te desagradan, pregúntate: «¿Qué respeto de ellos?»

El poder de la entrega
Si deseas recibir amor, ¡todo lo que tienes que hacer es darlo!
Cuanto más amor entregues, más recibirás.
Amar es entregarte sin condiciones y voluntariamente.
Practica al azar actos de bondad.
Antes de comprometerte a una relación, no te preguntes por lo que la otra persona te puede dar, sino por lo que tú puedes aportarle a ella.
La fórmula secreta de una relación amorosa, feliz y para toda la vida es centrarte siempre en lo que puedes dar en vez de en lo que puedes sacar de ella.

El poder de la amistad
Para encontrar un amor verdadero, pri­mero debes encontrar a un amigo o a una amiga verdadera.
El amor no consiste en mirar a los ojos del otro, sino en mirar juntos en la misma dirección.
Para amar a alguien de verdad debes amarlo por lo que es, no por su aspecto físico.
La amistad es la tierra en la que la semilla del amor crece.
Si deseas introducir amor en una relación, primero debes aportarle amistad.


El poder del contacto físico
El contacto físico modifica una de las expresiones más poderosas del amor que existe, destruye barreras y crea vínculos entre la gente.
El contacto físico altera nuestro estado físico y emocional y nos hace más receptivos al amor.
El contacto físico nos ayuda a que el cuerpo sane y enternece el corazón.
Cuando abres tus brazos, estás abriendo tu corazón.

El poder del desprendimiento
Si amas algo déjalo libre. Si vuelve, es tuyo; si no lo hace, nunca lo fue.
Incluso dentro de una relación amorosa, la gente necesita tener su propio espacio.
Si queremos aprender a amar, primero debemos aprender a perdonar y dejar ir nuestras heridas y dolencias del pasado.
Amar significa desprendernos de nuestros miedos, prejuicios, ego y condicionamiento.
«Hoy dejo atrás todos mis miedos, el pasado ya no tiene poder sobre mí; hoy es el comienzo de una nueva vida».

El poder de la comunicación
Cuando aprendemos a comunicarnos abiertamente y con sinceridad, la vida cambia.
Amar a una persona es establecer comunicación con ella.
Deja que la gente a la que amas sepa que la amas y aprecias. Nunca tengas miedo a pronunciar las palabras mágicas: «te quiero».
No dejes pasar la oportunidad de halagar a una persona.
Despídete de la gente siempre con palabras cariñosas: puede que sea la última vez que veas a esa persona.
Si estuvieras a punto de morir y pudieras llamar por teléfono a las personas que quieres, ¿a quién llamarías?, ¿qué les dirías?... ¿A qué esperas para hacerlo?

El poder del compromiso
Si deseas amor en abundancia, debes establecer el compromiso de lograrlo, un compromiso que se reflejará en tus acciones y en tus pensamientos.
El compromiso es la verdadera prueba de que el amor está presente.
Si quieres tener una relación con amor, debes comprometerte a crear la relación que quieres.
Cuando estamos realmente comprometidos a algo o con alguien, abandonar nunca es una opción.
El compromiso distingue una relación frágil de una sólida.

El poder de la pasión
La pasión enciende el amor y lo mantiene vivo.
Una pasión duradera no procede exclusivamente de la atracción física, sino que se origina gracias a un profundo compromiso, entusiasmo, interés y fascinación por la otra persona.
La pasión se puede reavivar recreando experiencias pasadas en las que sentiste pasión.
La espontaneidad y las sorpresas crean pasión.
El amor y la felicidad comparten la misma esencia; todo lo que necesitamos hacer es vivir cada día con pasión.

El poder de la confianza.
La confianza es esencial para establecer una relación con amor. Si un miembro de la pareja está cegado por la sospecha, la ansiedad y el temor, el otro se sentirá atrapado y emocionalmente ahogado.
No puedes amar a un persona plenamente a menos que confíes en ella.
Actúa como si la relación que mantienes con una persona nunca fuese a acabarse.
Una manera de saber si una persona es la adecuada para ti es preguntándote: «¿Confío en ella plenamente y sin reservas?» Si la respuesta es negativa, piénsatelo con cuidado antes de comprometerte más.

CUENTO SOBRE EL AMOR

El Viajero
Fría, glacial era la noche. El viento silbaba medroso y airado, la lluvia caía tenaz, ya en ráfagas, ya en fuertes chaparrones; y las dos o tres veces que Marta se había atrevido a acercarse a su ventana por ver si aplacaba la tempestad, la deslumbró la cárdena luz de un relámpago y la horrorizó el rimbombar del trueno, tan encima de su cabeza, que parecía echar abajo la casa. Al punto en que con más furia se desencadenaban los elementos, oyó Marta distintamente que llamaban a su puerta, y percibió un acento plañidero y apremiante que la instaba a abrir. Sin duda que la prudencia aconsejaba a Marta desoírlo, pues en noche tan espantosa, cuando ningún vecino honrado se atreve a echarse a la calle, sólo los malhechores y los perdidos libertinos son capaces de arrostrar viento y lluvia en busca de aventuras y presa. Marta debió de haber reflexionado que el que posee un hogar, fuego en él, y a su lado una madre, una hermana, una esposa que le consuele, no sale en el mes de enero y con una tormenta desatada, ni llama a puertas ajenas, ni turba la tranquilidad de las doncellas honestas y recogidas. Mas la reflexión, persona dignísima y muy señora mía, tiene el maldito vicio de llegar retrasada, por lo cual sólo sirve para amargar gustos y adobar remordimientos. La reflexión de Marta se había quedado zaguera, según costumbre, y el impulso de la piedad, el primero que salta en el corazón de la mujer, hizo que la doncella, al través del postigo, preguntase compadecida: -¿Quién llama? Voz de tenor dulce y vibrante respondió en tono persuasivo: -Un viajero. Y la bienaventurada de Marta, sin meterse en más averiguaciones, quitó la tranca, descorrió el cerrojo y dio vuelta a la llave, movida por el encanto de aquella voz tan vibrante y tan dulce. Entró el viajero, saludando cortésmente; y sacudiendo con gentil desembarazo el chambergo, cuyas plumas goteaban, y desembozándose la capa, empapada por la lluvia, agradeció la hospitalidad y tomó asiento cerca de la lumbre, bien encendida por Marta. Esta apenas se atrevía a mirarle, porque en aquel punto la consabida tardía reflexión empezaba a hacer de las suyas, y Marta comprendía que dar asilo al primero que llama es ligereza notoria. Con todo, aun sin decidirse a levantar los ojos, vio de soslayo que su huésped era mozo y de buen talle, descolorido, rubio, cara linda y triste, aire de señor, acostumbrado al mando y a ocupar alto puesto. Sintióse Marta encogida y llena de confusión, aunque el viajero se mostraba reconocido y le decía cosas halagüeñas, que por el hechizo de la voz lo parecían más; y a fin de disimular su turbación, se dio prisa a servir la cena y ofrecer al viajero el mejor cuarto de la casa, donde se recogiese a dormir. Asustada de su propia indiscreta conducta, Marta no pudo conciliar el sueño en toda la noche, esperando con impaciencia que rayase el alba para que se ausentase el huésped. Y sucedió que éste, cuando bajó, ya descansado y sonriente, a tomar el desayuno, nada habló de marcharse, ni tampoco a la hora de comer, ni menos por la tarde; y Marta, entretenida y embelesada con su labia y sus paliques, no tuvo valor para decirle que ella no era mesonera de oficio. Corrieron semanas, pasaron meses, y en casa de Marta no había más dueño ni más amo que aquel viajero a quien en una noche tempestuosa tuvo la imprevisión de acoger. Él mandaba, y Marta obedecía, sumisa, muda, veloz como el pensamiento. No creáis por eso que Marta era propiamente feliz. Al contrario, vivía en continua zozobra y pena. He calificado de amo al viajero, y tirano debí llamarle, pues sus caprichos despóticos y su inconstante humor traían a Marta medio loca. Al principio, el viajero parecía obediente, afectuoso, zalamero, humilde; pero fue creciéndose y tomando fueros, hasta no haber quien le soportase. Lo peor de todo era que nunca podía Marta adivinarle el deseo ni precaverle la desazón: sin motivo ni causa, cuando menos debía temerse o esperarse, estaba frenético o contentísimo, pasando, en menos que se dice, del enojo al halago y de la risa a la rabia. Padecía arrebatos de furor y berrinches injustos e insensatos, que a los dos minutos se convertían en transportes de cariño y en placideces angelicales; ya se emperraba como un chico, ya se desesperaba como un hombre; ya hartaba a Marta de improperios, ya le prodigaba los nombres más dulces y las ternezas más rendidas. Sus extravagancias eran a veces tan insufribles, que Marta, con los nervios de punta, el alma de través y el corazón a dos dedos de la boca, maldecía el fatal momento en que dio acogida a su terrible huésped. Lo malo es que cuando justamente Marta, apurada la paciencia, iba a saltar y a sacudir el yugo, no parece sino que él lo adivinaba, y pedía perdón con una sinceridad y una gracia de chiquillo, por lo cual Marta no sólo olvidaba instantáneamente sus agravios, sino que, por el exquisito goce de perdonar, sufriría tres veces las pasadas desazones. ¡Que en olvido las tenía puestas.... cuando el huésped, a medias palabras y con precauciones y rodeos, anunció que «ya» había llegado la ocasión de su partida! Marta se quedó de mármol, y las lágrimas lentas que le arrancó la desesperación cayeron sobre las manos del viajero, que sonreía tristemente y murmuraba en voz baja frasecitas consoladoras, promesas de escribir, de volver, de recordar. Y como Marta, en su amargura, balbucía reproches, el huésped, con aquella voz de tenor dulce y vibrante, alegó por vía de disculpa: -Bien te dije, niña que soy un viajero. Me detengo, pero no me estaciono; me poso, no me fijo. Y habéis de saber que sólo al oír esta declaración franca, sólo al sentir que se desgarraban las fibras más íntimas de su ser, conoció la inocentona de Marta que aquel fatal viajero era el Amor, y que había abierto la puerta, sin pensarlo, al dictador cruelísimo del orbe. Sin hacer caso del llanto de Marta (¡para atender a lagrimitas está él!), sin cuidarse del rastro de pena inextinguible que dejaba en pos de sí, el Amor se fue, embozado en su capa, ladeado el chambergo -cuyas plumas, secas ya, se rizaban y flotaban al viento bizarramente- en busca de nuevos horizontes, a llamar a otras puertas mejor trancadas y defendidas. Y Marta quedó tranquila, dueña de su hogar, libre de sustos, de temores, de alarmas, y entregada a la compañía de la grave y excelente reflexión, que tan bien aconseja, aunque un poquillo tarde. No sabemos lo que habrán platicado; sólo tenemos noticias ciertas de que las noches de tempestad furiosa, cuando el viento silba y la lluvia se estrella contra los vidrios, Marta, apoyando la mano sobre su corazón, que le duele a fuerza de latir apresurado, no cesa de prestar oído, por si llama a la puerta el huésped.

SOBRE EL AMOR Y DESAMOR

SOBRE EL AMOR Y EL DESAMOR

El amor es potencia integradora, generadora, sanadora, es un estado auténtico que surge de la conciencia. A medida que vamos ampliando nuestro conocimiento sobre la vida, el amor cobra mayor fuerza en nuestro interior enraizando con hondura sus conductos más delicados y vehementes. Al tener el interior invadido de amor la vida adquiere su sentido último y esto germina el exterior sin detenerse a pedir permiso, ya que amar es el profundo impulso vital de todo ser vivo por conectarse ecuánimemente con el centro de la existencia y establecer vínculos genuinos con los otros.


El amor es una postura inclusora conectada al corazón del universo. Al amar nos preñamos de vigor. Este estado nos empapa de intuición, nos sumerge en expresión haciéndonos valorar cualquier forma de vida en el cosmos. El amor es una fuerza opulenta que otorga libertad, sabiduría, nos sensibiliza y seduce para que entreguemos sin reparos o juicios lo más hermoso de nuestra esencia en el transcurso del camino. Paralelamente nos acompaña en las etapas dolorosas brindándonos la oportunidad de transitar el sufrimiento amorosa y dignamente, para hacernos llegar a los lugares más potentes de nuestro interior, tocar nuestros inmensos recursos y descubrir que su fuerza es medicina regeneradora. Nunca estamos solos, el amor nos escolta todo el tiempo, vive con nosotros; aún en los momentos de desesperanza y sinsabor cuando olvidamos nuestra capacidad curativa y amorosa, el amor encuentra los conductos necesarios para abrazarnos. Depende de nosotros aceptar sus obsequios (las llamadas “casualidades“ que más bien son una guía para encontrar nuestra misión). El amor no se cansa de permanecer a nuestro lado. Por el contrario su labor esencial es mostrarnos el camino adecuado incrementando nuestra conciencia.


El amor es una cualidad que se nos da junto con la vida, nacemos con ella, somos seres amorosos por naturaleza, por tanto es natural que nuestra necesidad primordial sea amar y ser amados. Los seres humanos, los animales y cualquier ser vivo se entristece, devasta y deprime cuando vive el desamor o en desamor. Todo esto explica que la vida en esas circunstancias parezca carente de significado, y de pronto su sentido último se paralice.


Son tiempos cruciales por que nos toca decidir entre vivir en la evasión y la felicidad artificial que produce el materialismo o vivir en amor: un estado invariable, productivo, verdadero e inmortal. En ningún momento quiero decir que lo material no sea necesario o bello, por el contrario cualquier creación humana es hermosa e imprescindible. Hay una gran diferencia entre crear y poseer desde y para la vida; y utilizar nuestros recursos, conocimientos y oportunidades egoísta e inconscientemente sin importar las consecuencias o sin contemplar el dolor para sobrevivir mediocre y “cómodamente“ nuestra estadía sobre la tierra.
No se trata de juzgar sino de recuestionarnos y afinar nuestra intuición para retomar el camino hacia el interior, hacia el encuentro con nuestro espíritu y nuestra enorme capacidad amorosa que está en espera de ser desplegada.
Es cuestión de encontrar el equilibrio, no de caer en fanatismos o extremos. La vida es una oportunidad para hacernos conscientes de nuestra existencia, de nuestro potencial y trascender desde nuestra virtud más sabia y poderosa: el amor.
Los seres humanos somos seres luminosos, poderosos, co-creadores de la vida misma, nacemos dotados de amor. El mal es una elección, no una característica que poseamos por naturaleza, se construye con cada decisión incorrecta que tomamos, cuando nos traicionamos optando por el desamor. No es el odio lo que mata al amor sino el miedo. La traición, el egoísmo y el narcisismo constituyen la fórmula perfecta para construir hombres temerosos de sí mismos, carentes de dar o recibir amor, desconectados de su interior; convirtiéndose así en seres realmente pobres y débiles por elección. Son estos seres los que comenten las injusticias más despreciables, inhumanas y aberrantes. Detrás de cada asesino, abusador, o cualquier líder de la injusticia se encuentran seres escasos de amor, su esencia más profunda está dañada y enferma por todas las veces que han traicionado su capacidad amorosa. Son seres impotentes que no pueden expandirse en el amor por eso destrozan a su paso todo lo amoroso y realmente valioso en la vida. Sus acciones están respaldadas por la envidia proveniente de los huecos insaciables que se alojan en el alma cuando se traiciona el espíritu.
No hay por que temerle a nuestra fuerza amorosa. Ésta es generosa, poderosa y vital. Es al miedo al que hay que huirle sin pensarlo.
El amor es aquello que hace posible las metamorfosis, nos obsequia los elementos oportunos para extender las alas, trascender y volar con entera libertad hacia la verdad. El amor es ese brillo resplandeciente que proviene del alma y se refleja en la mirada acusando lo prodigioso de la vida, es todo acto de perdón, comprensión, conmoción, es lo que hace posible lo quimérico. El amor es un sentimiento fácil de reconocer: es benévolo, acoge el alma y cuida del otro. Es la fuerza última que nos une por encima del rencor, el desazón, el temor o cualquier acto de alevosía. Sus raíces emanan del rincón supremo en donde se gesta la energía del universo.
La fuerza del amor es tan intensa que repara todo tipo de heridas, es una pócima renovadora, magia real para curar el dolor y lo más increíble es que nacimos con ella. Somos seres sanadores de los desgarramientos más profundos. Todo consiste en elegir el amor y permitirle que se extienda en nuestro interior.
El amor es energía inmortal e indestructible ya que su característica principal radica en regenerar, por está razón siempre tiene la última palabra frente al desamor o la traición. El amor nos permite percibir el aroma de lo invisible, nos muestra la función de la vida, pule nuestros sentidos para deleitarnos con sus acciones, repara lo agrietado, florece lo devastado, es música celestial que hace bailar con ritmo unísono al universo, suma, renueva, es líquido nutritivo del que continuamente estamos sedientos, está inmerso en el viento y genera oportunidades. Es insistente y sin lugar a dudas encuentra los medios propicios para hacerse presente, agasajar, reconfortar, curar, procrear y materializarse. El amor nos hace vivir en sincronía con Dios, nos conecta con su fuerza de forma tangible. Es lo que hace posible la vida y la oportunidad de descubrirla.

POEMAS DE AMOR

MIRADA
Mientras me hablabas y yo te miraba,se detuvo el tiempo en medio instante:el amor me llamaba y yo le obedecía.Mientras me susurrabas y yo te amaba,se alzaron los sentimientos, mandó tu voz,el cielo se hizo visible en tus ojos,y yo pronuncié el querer en tus labios.

Fue una mirada,un frenesí de besos,una lujuria de sentimientos.Fue un instante sin fin,sin tiempo para soñar.Y entonces despertamos,... y seguimos amándonos.
EL PARAISO
En el paraíso de tus ojos,me pierdo porque estoy perdido,en la paz de tus labios,me encuentro porque estoy contigo,en el universo de tu alma,vivo con mil sentidos,en ti, vivo amándote.


Sabes a silencio y a sueños,con melodías de ternuray tacto de deseo,sabes a mi mundo,a todo lo que anhelo,sabes a amor, a mi amor .
TUS SENTIMIENTOS
Mi objetivo son tus sentimientos,uno a uno, de mi a ti,riendo tristezas,llorando sonrisas,mi objetivo eres tú,y sólo tú, para amarte.

Ahora puedo oírte,puedo sentir tu silencio,puedo recorrer tus besosy soñar tus labios,puedo hasta escuchar tu melodía,aún cuando estés lejosy seas todo nostalgia.

HISTORIA DE AMOR

"Esta es la historia de un hermoso amor...
El... un hombre solo, aventurero y lleno de ganas... de simplemente vivir...
Ella... una mujer preciosa, procesando un cambio en su vida... sola, y sin haberse dado cuenta de las inmensas ganas que tenía de simplemente ser feliz...
Ellos, se encontraron un día, el sol iluminaba aquel atardecer, fue un verano... una tarde como cualquiera...
El la atrajo con su encanto, y ella la cautivo con su simpatía...Así comenzó la más hermosa historia de amor, pasaron los días, se buscaban...
El cada noche con una desesperación que no lograba comprender...
Ella, lo esperaba con ansias, sabía que llegaría a su encuentro, como cada día, como cada noche, empezaron a nacer frases hermosas... empezó fluir el amor, puro, sincero, y por sobre todo verdadero, por que aquí no habían rostros, no habían cuerpos, solo habían palabras y sentimientos, y eso bastaba para sentir que sus vidas tenían un mismo destino.
Ellos empezaron a enamorarse, de la forma más tierna y dulce, como aquella mujer...
Ella lo fue enamorando poco a poco, con su simpleza, con su ternura, con con su cariño,
El siguió el camino de la conquista... la protegía, la acompañaba, la hacía sentir aquellas lindas cosas que ella desconocía...
Ella empezó a amarlo... sintió que el era el hombre de su vida, que lo quería a su lado, para continuar su vida...
El, sentía que ella, su linda Pamela, era la mujer con quien deseaba compartir su mundo, que entre líos y dientes, ella sería la mejor compañía...
Ellos se dieron cuenta que se necesitaban, eran el uno para el otro, se estaban enamorando, y poco a poco lo mas tierno...se estaban deseando...así llegó el amor a sus vidas...
Hoy aun están juntos, se están amando intensamente, se necesitan, se adoran , se profesan un amor inmenso, los sueños acompañan sus vidas, un futuro les aguarda, una casa...unos niños... que esperan por ellos, para que fundidos en aquella pasión sin limites...los engendren con el mas puro sentimiento de amor…
Ellos... PAMELA Y CRISTOBAL viven sumidos en la alegría y la felicidad, bendecidos por la vida, por haberle ganado a la adversidad.En esta historia... ganó EL AMOR...”
PARA LA MUJER QUE AMO...CON ADORACION…

MITOS DEL AMOR

No te los creas

Ir a la cama enfadados es malo.
Dicen las abuelas que es mejor resolver los problemas antes de acostarse. Olvídalo. Lo peor, asegura la especialista, es discutir cansados y con el enfado del momento. Es más productivo descansar y hablar las cosas al otro día y desde otra perspectiva.
Los opuestos se atraen: nada más erróneo. Puede que duren un revolcón, pero las investigaciones demuestran que las relaciones duraderas se sustentan en intereses comunes.
Las mujeres se enamoran más rápido. Si él no te dice te quiero, tú aguantas porque seguramente el hombre tarda más en
enamorarse. Pues no te engañes a ti misma. Los estudios demuestran que el hombre no sólo se involucra antes, sino que cree en el amor a primera vista más que la mujer.
Si hay conflicto, el matrimonio naufraga. Pues no. Los buenos matrimonios no son los que no pelean nunca, explica Orbuch, sino los que saben resolver las diferencias a lo largo del tiempo. Cada problema que se supera, fortalece el vínculo.
Si te cela, es porque le importas. Los
celos no son in signo de amor intenso. Si él o ella te hace escenas de celos, dile que vaya a un psicólogo. Se trata más de un problema de seguridad personal que de cariño (a menos que alguno dé motivos, claro está).
Pasión y matrimonio no combinan. No necesariamente. Lo primero es saber que
la pasión de los primeros revolcones no le dura a nadie. Pero existen cientos de formas de mantener viva la llama. Se trata de no dejarse estar, de no bajar los brazos y de intentar hacer cosas nuevas siempre.
Ellas necesitan más gestos románticos. La realidad, asegura Orbuch, es que los hombres suelen ser más románticos. A ellos les encanta que los esperen con una cena especial o que les den una sorpresa, mientras que ellas necesitan más de apoyo espiritual y de la contención de su pareja.
Las parejas pueden hablarlo todo. Mentira. No hay que irse por la borda y contar cosas fuera de lugar o que hieran al otro. Mantener un balance entre la confianza y la discreción es fundamental. Para hablar de tus problemas menstruales o de un ex novio están tus amigas. Para hablar del cuerpo de tu ex o confesar una fantasía oculta, están tus amigos.
Con el tiempo, el enamoramiento deja de ser importante. Al contrario. A medida que una pareja sana vive cosas y supera conflictos, el amor se fortalece.
Tener vidas separadas mantiene la relación sana. Que cada cual tenga sus actividades y sus amistades es una cosa, pero que no se involucren y tengan salidas y vacaciones por separado es otra. Lo cierto es que hacer cosas de a dos, tener aficiones en común y compartir amigos fortalece las relaciones y hace que los matrimonios duren más.